Referencias, noticias y reseñas del CityVídeoFest

Artes de acción videos y redacción

Leo Ramos

Con el visionado de la primera sesión denominada Conflictos y Disidencias, se inició el Cityvideofest Ciudadanías Expandidas, una muestra de videoarte en torno a la ampliación de los derechos de la ciudadanía.
Para ello, acondicionamos un lugar en la redacción del diario y abrimos boca con una previa en la que visionamos el Preludio para la siesta de un fauno (Ex Amic del IVAM), de Domingo Mestre. En él se trataba, de forma metafórica, sobre el activismo cultural valenciano, que lucha desde hace más de 12 años contra el proceso de espectacularización y banalización de contenidos del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM).
Con un público conformado por referentes de movimientos ciudadanos, principalmente el ambientalismo, comenzamos la muestra de con lo acontecido el 20 de noviembre del presente año en la Plaza del Zócalo en el Distrito Federal. El video cuenta las acciones globales realizadas en 200 ciudades del mundo por la aparición de los 43 normalistas desaparecidos, la crisis de México en tiempo real.
Disfrutando la presencia de referente pasamos a los Arboles Urbanos, donde Vanina Abras tomó la palabra para contextualizar la acción de las sombrillas en ese impiadoso horno de enero done el colectivo protestó por la falta de canteros y árboles en la vereda de 9 de julio de Resistencia. El trabajo en formato de videoclip de Sonia Bertotti absorbe la onda festiva de la protesta y es una excelente crónica del arte de acción y ambientalismo que curtimos los chaqueños.
El fino límite entre las ciudadanías locales y las masas de turistas se trataba en el poema acción de United Artist from Museum que propone el colectivo español, que toma al turista que busca el glamour de Venecia como actor y al artista como el arquitecto de las situaciones.
Movimos nuestro eje y nos montamos a los edificios de hormigón, vidrio y acero, en pleno Caracas con el video La Virgen de las Termitas que es un registro visual de la ocupación de una de las torres más altas e inconclusa de la capital de Venezuela. El acceso a la vivienda, a través de la ocupación colorida de uno de los símbolos del progreso como son los rascacielos.
De la violencia al hedonismo de Fernando Baena y Marianela Alarcón bailan una danza erótica entorno a la arquitectura y provocan a los agentes del orden para que abandonen las malas posturas y se saquen fotos normales.
La poesía con la voz de Bartomeu Ferrando nos introduce en la isla de los desahucios y los desastres climáticos, Tomas Marquina y la isla en la que estamos en el furor del capitalismo y la especulación urbana.
Y en este girar por los videos del mundo, visionamos algunos vídeos italianos y volvemos a nuestras calles para pisarlas y recordar a los que no están, el trabajo de Ignacio Zabalúa nos sumerge en las acciones de los Organismos por los DDHH que gestan el escrache a uno de los más temibles represores del Chaco como lo fue Gabino Manader, a esta altura un documento histórico entorno a las luchas por el Juicio y Castigo.
Entre tanto, las bebidas azucaradas y las galletitas amenizaron la tarde noche ciudadanista, la de los cultores del arte de acción, la del cine experimental y de las anécdotas resistencianas de las lidias ambientalistas.
EL programa del Citivideofest se completará con las próximas entregas, aquí en la redacción de El Diario de la región el próximo viernes 5 de diciembre y las posteriores citas que iremos anunciando.
Tardes de arte de acción para una ciudadanía movilizada que pugna por ampliar de manera creativa una ciudad para todos y cada uno de sus ciudadanos.
Fotos de Jorge Punky Flores

Foto de Leo Ramos.
Foto de Leo Ramos.
Foto de Leo Ramos.
Foto de Leo Ramos.

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Artistas y productores culturales (re)activando los espacios vacíos (y los llenos)

Domingo Mestre.

intramurs-mesa

Fernando Casero, Marisol Salanova, Salvia Ferrer, Domingo Mestre, Jorge López

En el programa del festival Intramurs. Per l’art a València se incluía, desde el principio, una mesa redonda para tratar sobre la situación actual del artista en Valencia, pues esta era –y es– parte importante del motor que nos ha puesto en marcha. A ella invitamos a representantes del colectivo de artistas, comisarios, galeristas e instituciones artísticas. Pero, llegado el momento de celebrarla, nos encontramos con una silla vacía porque ninguna institución oficial relacionada con el arte había aceptado la invitación.

Ante esta situación, optamos por ocupar físicamente ese espacio vacío, que es el del (no) poder, reclamando el derecho a construir nuestra propia institucionalidad en cuanto artistas y productores culturales del barrio,[1] con nuestros propios objetivos (la revitalización ciudadana del distrito de Ciutat Vella[2]) y nuestras propias referencias de legitimación (plurales pero convergentes). Se trataba, ante todo, de rebelarse contra nosotros mismos, contra la retórica del “no poder”. Y, también, contra la dictadura de los intercambios exclusivamente dinerarios, explorando otras formas de economía alternativa, basadas en la permuta de visibilidades, en las aportaciones de recursos y materiales como forma valida de colaboración, en el puro trueque o, incluso, en el “arte a la gorra”. Todo ello, asumiendo que nos movemos en un campo abierto, repleto de contradicciones y obligatorias negociaciones con el resto de instituciones y agentes vecinales, como demuestran las experiencias de una larga lista de predecesores que, desde hace décadas, trabajan en el campo del arte y la arquitectura por la reinvención del concepto de plaza pública.[3]

Durante la mesa, aprovechamos esa silla vacía para explicar nuestro posicionamiento e intentar aclarar algunos malentendidos, sobre todo en relación con las aportaciones de los colaboradores y la presencia del logo del Ayuntamiento, junto al de Intramurs, en los carteles y programas del festival. Un error estratégico que asumimos como tal porque nuestra gráfica inducía a pensar que todo era una iniciativa suya, cuando el papel del Ayuntamiento tan solo es el de un colaborador más; eso sí: el más importante, puesto que aportaba toda la cartelería (incluyendo programas/plano, diversos tipos de flyers, carteles y adhesivos identificativos) junto a los imprescindibles permisos para usar todo tipo de espacios públicos. El resto de las colaboraciones fueron mayormente en forma de viajes, alojamientos, comidas, bebidas, etc. y los logotipos de quienes los aportaron figuran todos, junto al del Ayuntamiento, en la página web del proyecto.[4]

También aclaramos dudas respecto a la pregunta de “por qué no se paga a los artistas”, ampliándola y explicando, una vez más, por qué no podemos pagar ni a los artistas ni al resto de agentes que participan en el festival (sencillamente porque no hay dinero). Opción que no supone una renuncia a la remuneración económica de nadie sino la asunción de que la difícil situación que –casi– todas estamos viviendo no se solventa mediante la aplicación de fórmulas pensadas para otros tiempos; sobre todo las del momento burbuja, caracterizado por una espectacular e insostenible expansión desarrollista. Ni tampoco desde la inacción, por supuesto. Más bien al contrario, pensamos que exige una respuesta colectiva que incluye la exploración de todas las posibilidades, las que ya han sido probadas y contrastadas en otros contextos y las que están todavía por imaginar. Algo que nos planteamos desde una perspectiva esencialmente igualitaria, que no entiende las políticas de remuneración tan solo en términos dinerarios –lo que no quiere decir que esta opción se descarte, ni mucho menos­– sino de una forma mucho más compleja y completa que hace propia la definición de “economía” hecha por la I Fira d’economia feminista de Barcelona: “[Se] concibe la economía, en sentido amplio, como todas aquellas relaciones que establecemos entre nosotras y con el medio para alcanzar una vida digna que merece la pena ser vivida. Formas de producción, distribución y consumo que parten de las necesidades y deseos; relaciones de trabajo que huyen de la desigualdad y las relaciones de poder, que se basan en la reciprocidad, la solidaridad y el apoyo mutuo”.[5]

A título personal, estoy convencido de que los viejos tiempos de eufórico crecimiento no van a volver. Y de que si lo hicieran sería para peor, dado que la única opción sostenible, en un planeta con recursos finitos, es la apuesta por un decrecimiento controlado, también en el campo del arte y la cultura.[6] En este ámbito, las fórmulas que un día fueron relativamente válidas hoy serían, de volverse a aplicar, completamente inadecuadas al actual contexto. El tiempo no perdona y lo que ayer era útil y necesario hoy estaría, con toda probabilidad, fuera de lugar y para nada serviría. La transformación de la economía de la cultura a escala local es un proceso colectivo y complejo que exige ser abordado desde múltiples perspectivas, todas ellas con conclusiones cuestionables junto a otras que podrían resultar viables. Las instituciones culturales valencianas hace mucho que han hecho dejación de sus funciones y, por el momento, ni están ni se las espera. Si decidieran volver serán bienvenidas, por supuesto, pero tendrán que traerse su propia silla, porque la que tenían reservada me la voy a llevar yo para el Solar Corona.[7] Mientras el discurso oficial habla de rápida recuperación económica, lo que perciben mis ojos es que el modelo actual está en sangrante crisis y la precariedad se está adueñando con especial rapidez del campo del arte y la cultura. Así las cosas, la mejor forma de enfrentar esta situación pasa, a mi juicio, por la impugnación de la totalidad y la transformación radical del actual modelo, basado en una mirada economicista y/o propagandística sobre la función del arte y los artistas. En este sentido, mi apuesta personal está claramente expresada en el subtítulo de nuestra aportación artística al festival Intramurs: “Por una (re)construcción colectiva de las ciudades por y para sus habitantes [TOD=S]”.[8]

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[1] Al igual que antes hicieran otros colectivos en festivales semejantes, aunque cada uno con peculiaridades diferentes, como Portes Obertes, Russafart, Cabanyal Íntim o Benimaclet Confusió.

[2] Actualmente volcado en exclusiva hacia el turismo de masas, tras un fuerte proceso de gentrificación iniciado hace décadas.

[3] Se recomienda ver el catálogo de la exposición del museo Reina Sofía dedicada a la historización de este tema: AAVV, Playgrounds, reinventar la plaza, Madrid, Siruela, 2014.

[4] http://intramurs.org/es/colaboracion/

[5] http://firaeconomiafeminista.wordpress.com/

[6] Ver Latouche, Serge (2003) Decrecimiento y posdesarrollo. El pensamiento creativo contra la economía del absurdo. El Viejo Topo.

[7] Espacio autogestionado, de forma asamblearia, que está funcionado en Valencia, bajo presupuestos próximos a la economía del procomún, desde la celebración del encuentro de Arquitecturas Colectivas, Comboi a la fresca, hace ya más de 3 años.

[8] http://cityvideofest/wordpress.com

Solar Corona: lecciones de la probeta urbana del Carmen

http://www.valenciaplaza.com/ver/140225/solar-corona-probeta-urbana.html
El diario.es VICENT MOLINS. 04/10/2014
Templo del urbanismo experimental, o sólo un paréntesis, Solar Corona hace balance de su obra y plantea su futuro más cercano. Nos colamos una tarde en su jardín

VALENCIA. Es una de esas tardes canallas en que en Valencia los cielos amenazan con vengar con tormenta el exceso de calentura. He venido a Solar Corona cargado de prejuicios y con la voluntad de desmentirlos o, llegado el caso, refrendarlos por completo. ¿Es esto sólo un templo de urbanismo asilvestrado erigido a mano por unos cuantos o una verdadera prueba piloto para la cultura urbana?

Solar Corona -el primer detalle: un solar con nombre; como darle identidad a los desharrapados– aparece junto al centro cultural la Beneficencia, y en una parte del Carmen a la que se le ven las reminiscencias a franja laminada por plagas bíblicas, en tránsito para regenerar sus propios tejidos.

Desde una gigantofoto colgando de la medianera, Olga Poliakoff mira señorial. Bajo de ella, un mural legendario recreando la fachada de una frutería fetén. Un perro con collar isabelino se planta en medio de la calle Corona. En el solar es día y hora de reunión, la junta de un espacio atiborrado de singularidades. Van llegando los primeros, casi todos acompañados por sus hijos. “Para tratar el mantenimiento, limpieza, logística… y después planificar los próximos eventos”.

Es un lugar anclado en una área ochenta por cien propiedad privada, veinte por cien propiedad pública, con más efervescencia que varios museos locales. El colegio Santa Teresa proyecta sus películas ante cerca de 300 personas; este sábado por la noche el colegio de arquitectos traerá a futuros afiliados  para mostrar trabajos ultimísimos; la escuela de diseño, EASD, expuso parte de su producción bajo el título Las joyas del Corona; las chicas de Battonz Kabaret convocaron a casi un millar (“llenazo en el solar y ¡llenazo en los balcones!”); en el verano se hizo cine, y ante una queja vecinal, y en resplandeciente respuesta, se transformó en ciclo de cine mudo. “Sin voz, pero con cine”.

“En espacios tan delicados la negociación es imprescindible“.

“Esto es una probeta, un hábitat donde hay que convivir con el conflicto“.

Opinan los arquitectos Javier Molinero y Adrián Torres. Todos los que gestionan el bastión Corona tienen vínculos estrechos con el Carmen y entienden que en sus manos está el paréntesis de una maraña con pocos huecos para el respiro. Molinero lleva a sus hijos al colegio de aquí al lado.Domingo Mestre, gestor cultural, ya venía cuando en lugar de un solar pululaban por el área míticos nocturnos como La Torna o Planta Baja, y la calle se bloqueaba por la muchedumbre. Los años ochenta del Capsa. No estaba todavía cuando, en el otro extremo del solar, el siglo XVII amparaba una tintorería y sobre ella una carbonería.

En ese costado, hoy lucen sus ruinas, habilitadas, en planta inferior donde la temperatura desciende algún grado, como jardín de múltiples recovecos y área donde los niños juegan a ser los Goonies. “Es un juego de mayor calidad que en cualquier parque diseñado”, defiende Torres.

El Solar Corona desprende aroma a desorden planificado, lo silvestre bajo las coordenadas. Una tarima en el espacio central, una pantalla a una esquina, una puerta trasera que suena a trueno, la trastienda con maneras de jardín. “La plaza equipada que ofrece servicios”. De las palabras de sus anfitriones se desprende la presencia amenazante de una espada de Damócles que les sitúa entre la gloria de poder gestionar libremente un “pedacito de ciudad” y la angustia de hacerlo con la precariedad de la falta de recursos públicos, sin poder darle  mayor precisión (también estética) al experimento. Mirando el ejemplo de Campo Cebada en Madrid o el Pla Buits en Barcelona.

“Es un debate presente en toda Europa”. Iniciativas vecinales tomando la delantera y, como un Juan Palomo, guisando y degustando espacios caídos en abandono, devolviéndolos a la vida. Aldeas galas tomando el control en barrios que se marchaban por el retrete ante la inacción institucional.

Se escuchan voces entrecruzadas:

“El solar vive en un estado de excepción, en un impasse. Necesitaríamos salir de esa precariedad”.

“Sí, es un experimento, pero también ponemos en riesgo nuestra profesión, ponemos en cuestión que pueda creerse que con costes tan bajos se pueden hacer iniciativas de este tipo”

“La gente del entorno agradece tener un espacio naturalizado en un entorno arquitectónicamente agresivo”.

Todo comenzó aquí cuando en 2011 el encuentro Comboi a la Fresca eligió el solar para su encuentro de Arquitecturas Colectivas. Posteriormente, un grupo técnico decidió que el Corona fue ese “paréntesis” en el que ha acabado convertido. El constructor propietario de la mayoría del espacio -cerca de 400 metros cuadrados- lo cedió con el acuerdo de recuperarlo en cuanto pudiera venderlo. Entre tanto, buscaba desbloquear su frente con el Ayuntamiento en torno al pedazo restante, de propiedad pública. Resuelto esto, vuelve a pender la posibilidad -inherente al experimento- de que el solar Corona tenga los días contados.

“Hay gente a la que le acongoja la posibilidad de que se construya, pero esa temporalidad se asume y quizá eso estimula a no desaprovechar el tiempo”, opina Javier Molinero.

“Se asume el carácter nómada”, refrenda Adrián Torres.

Salgo del Corona. A pesar de la amenaza el cielo todavía no ha descargado. Convoco un sanedrín repentino para calibrar qué enseñanzas nos deja, después de todo, el rincón probeta del Carmen.

Chema Segovia arquitecto y miembro de La Ciudad Construida, pondera su trascendencia como ejemplo ante las administraciones: “Pone de manifiesto un tipo de situaciones que se dan hoy en la ciudad construida y a las que el urbanismo tradicional no está preparado para dar respuesta. Me consta que en el Corona se dedicaban grandes esfuerzos a elaborar protocolos de uso, repartos de tareas, coordinación horizontal, etc. Articulando este tipo de prácticas se aspiró a facilitar el acceso de las iniciativas ciudadanas y a servir de modelo para la administración. El resultado específico del Solar Corona era secundario, se quiso construir un canal. Es un ejemplo ambicioso entre los que buscan renovar el instrumental del urbanismo vigente”.

El divulgador ambiental Andreu Escrivà celebra su vocación ajardinada: “Nos enseña que los barrios necesitan verde y sólo hay que mirar a nuestro alrededor para encontrarlo: tenemos centenares de solares que atesoran la posibilidad de convertirse en un jardín disperso, en una nueva forma de esponjar la ciudad que no implique planes de reforma interior ni la acometida de obras que duran décadas. Hay auténticos bosques creciendo en solares de la ciudad: ¿por qué no aprovecharlos? Valencia tiene la posibilidad de sembrar una malla verde que tapice toda la ciudad”.

El profesor de Derecho de la UV Andrés Boix opina sobre su avance respecto a la respuesta institucional: “Demuestra que hay una crisis del modelo de intervenciones administrativas en la ciudad desde arriba, los mecanismos de los cuáles, muy poco participativos, son insatisfactorios y requieren una revisión, como ejemplifica el que sean superados por intervenciones ciudadanas directas”.

María Oliver, arquitecta del estudio Mixuro, se centra en las posibles réplicas: “Oyendo hablar de este espacio, cualquier grupo de vecinos de cualquier barrio puede plantearse el gestionar de manera autónoma los innumerables recursos abandonados de esta ciudad: edificios, solares, vacíos urbanos… Únicamente necesitan un proyecto común, tiempo y un propietario dispuesto. El beneficio es casi inmediato: un huerto urbano para el cole de sus hijos, un lugar de reunión, un espacio de talleres, un solar donde jugar, un cine de verano, un espacio donde mezclarte con tu vecino, donde tejer redes que alivien el panorama económico y cultural de esta ciudad. A cambio hay que acostumbrarse al roce, al mirarse a los ojos, a la continua negociación con personas que hasta hace poco no conocías, que ni siquiera se parecen a ti, pero con las que compartes el anhelo de ese espacio donde poder expresar libremente cómo os gustaría ser”.

Y sobre ello, Andreu Escrivà concluye: “La principal enseñanza que se puede extraer a mi juicio de la experiencia del Solar Corona es que la planificación decimonónica ya no sirve: que la gente está aprendiendo a tomar los espacios urbanos por su cuenta y actuar sobre ellos. Lo que demandan los ciudadanos es participar, pensar las cosas desde abajo, hacer ciudad con sus manos. Que no les crezca la ciudad como un ente extraño al lado de sus casas”.

El experimento continúa.

Casas de infinitas privaciones: ¿Germen de ciudades para todos?

[Libro pdf] ‘Casas de infinitas privaciones: ¿Germen de ciudades para todos? • Vol I’ Teolinda Bolívar Barreto, Mildred Guerrero Echegaray & Marcelo Rodríguez Mancilla (Coord), 2014

La presente colección Ciudades de la Gente representa a hombres y mujeres cuya cultura popular, producto de las mezclas de todos aquellos que vivían y otros que han llegado a nuestros territorios, han hecho de lugares declarados como no aptos, lugares donde vivir, y han creado dentro de nuestras ciudades, la extensión de lo distinto. Son hombres y mujeres cuyo trabajo, el que tienen para aportar, junto al de otros y otras de su misma condición, les ha permitido autoproducir interesantes y sin duda bellos espacios donde convivir. Los profesores e investigadores miembros del Grupo de Trabajo Hábitat Popular e Inclusión Social de CLACSO, nos unimos a todos aquellos hacedores que, superando los miedos y con deseos de avanzar, se atreven a caminar por lo desconocido y a no conformarse con lo conocido de otras realidades, buscando en conjunto afirmar, como derechos universales, las posibilidades de vidas dignas y de construcciones colectivas dentro de nuestras ciudades. Emprendemos la tarea de describir e interpretar el hábitat popular y la inclusión social, abriendo posibilidades para que, experimentados y debutantes líderes populares e investigadores, hablen sobre "las ciudades de la gente" de muy diversos modos.

*http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20140908020925/Casas.pdf

[Libro pdf] ‘Casas de infinitas privaciones: ¿Germen de ciudades para todos? • Vol I’ Teolinda Bolívar Barreto, Mildred Guerrero Echegaray & Marcelo Rodríguez Mancilla (Coord), 2014

La presente colección Ciudades de la Gente representa a hombres y mujeres cuya cultura popular, producto de las mezclas de todos aquellos que vivían y otros que han llegado a nuestros territorios, han hecho de lugares declarados como no aptos, lugares donde vivir, y han creado dentro de nuestras ciudades, la extensión de lo distinto. Son hombres y mujeres cuyo trabajo, el que tienen para aportar, junto al de otros y otras de su misma condición, les ha permitido autoproducir interesantes y sin duda bellos espacios donde convivir. Los profesores e investigadores miembros del Grupo de Trabajo Hábitat Popular e Inclusión Social de CLACSO, nos unimos a todos aquellos hacedores que, superando los miedos y con deseos de avanzar, se atreven a caminar por lo desconocido y a no conformarse con lo conocido de otras realidades, buscando en conjunto afirmar, como derechos universales, las posibilidades de vidas dignas y de construcciones colectivas dentro de nuestras ciudades. Emprendemos la tarea de describir e interpretar el hábitat popular y la inclusión social, abriendo posibilidades para que, experimentados y debutantes líderes populares e investigadores, hablen sobre “las ciudades de la gente” de muy diversos modos.

*http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20140908020925/Casas.pdf